Dadme la autoamnistía
de mi última neurosis
y revertid las reacciones
de mi impunidad mal lograda.
Saludad en caravanas a la distrofia
de mi voluntad cercenada
y, a la sublimación de la histeria,
dadle discursos de labilidad emocional.
Con manos nauseabundas de gracia
recorred mi distimia y sus aledaños
(ignorad su coma alcohólico
y/o estado de shock permanente),
buscad en la falangina de su pulgar
los ecos antiguos de la cordura.
Pedidme que os cuente,
en la sinartrosis de la terquedad,
que la capacidad de dar trabajo
es igual a la gasa
por la velocidad de la pus al cuadrado
y, si lo entendéis o dilucidáis su significado,
os permitiré, entonces,
investigar mi cáncer lunático
en la epífisis de su piratería,
a su taquipnea lujuriosa
y honestidad con disritmias que,
con la onicofagia,
empezará su larga cadena
con destino final al suicidio.
A quiénes la objeción os deniegue,
condenadme, pues,
a parasomnia perpetua
en la anhedonia y la anorgasmia;
o las cefaleas, como yelmos,
hacedme pulir, si así gustáis.
A mi músculo cardíaco,
a la psique actualmente al mando
o a mi daguerrotipo literario,
desmembradlos a vuestro antojo
bajo las raíces del psicoanálisis,
pero jamás de los jamases intentéis
sonsacarme un verso solemne
acerca del amor
o hacerme cantar
sobre la costilla que me falta.
Objeción denegada.
Tags Burla , Escritos propios , Insomnio , Ironía , Sarcasmo , Sin anestesia , Sin rimas
Paciente: JARDINES DE EDÉN, EVA.
"Claro que dolió, doctor, ¡fue terrible! ¿Y el espectáculo? ¡Espantoso! ¿Usted cree que me gusta ver semejantes cosas? Solo pensar en ello hace que me tiemblen las piernas, otra vez...
No se crea que soy masoquista por llegar a tremenda intervención, eh, y sin anestesia ni elementos adecuados, pero la animadversión pudo más. De todos modos, no extraño aquél inservible e insignificante órgano. Ni siquiera siento su ausencia.
Usted dice que no era necesario semejante accionar por mi parte, y que resulta de lo más incompetente y exagerado, pero, yo le cuento, ¿no? Resulta que ésa costilla no era mía, sino del imbécil de mi marido".
Tags Cuento , Escritos propios , Sarcasmo , Sin anestesia
Antes de las doce.
el Insomnio se permite el pase
de la fase saprofítica a la parasitaria
sin pagar peajes
y sin emitir siquiera
ésos crujidos tétricos
de fantasmas invocados
con esfuerzos vomitivos,
que con sus pesos despreciables
terminan hundiendo a su victima(rio)
en una vigilia susurrante,
más parecida a una condena hipnagógica
en el que la espeleología del propio estado
no está exenta de errores de paralaje
subvencionados por la autocompasión.
Autorretrete
Yo no soy más que un puñado de hojarasca
humedecida, moldeada,
recubierta por un óxido blanco
que huele a jabón o a inexperiencia,
con pedazos de caracola incrustados en la garganta,
un bouquet de calambres prematuros,
una serie de cóncavos y convexos mal ubicada,
un ofidiario de cobre subversivo,
penínsulas de fenitoína, pensamientos radioactivos,
sueños de querargirita, esperanzas de trapo
y algún que otro vapor tóxico como Aliento Divino.
Notas: La 'e' del título es puramente intencional.
